Te lo prometo (segunda parte)

Esa tarde ella salió de su trabajo con algo más que un enorme cansancio, pero convencida de que era lo correcto. Entró a la juguetería, tomó de los estantes la caja que contenía ese juguete que significaba la sonrisa de su hijo. Llegó a casa, con la mirada cabizbaja y le entregó a su hijo una bolsa. El niño, con la esperanza en lo más alto, abrió la bolsa y sacó una caja con una imagen de una figura de acción impresa al costado, con el nombre en letras grandes y el logo en la parte de enfrente. La abrió sin importarle nada, no preguntó ni dijó nada; una sonrisa se dibujó en sus rostro instantáneamente, abrazó a su madre tan fuerte que unió los pedazos de su corazón que se había roto con su tristeza. Ella le correspondió el abrazo y le dio un beso en la frente, le dijo en voz baja, para que solo él pudiera escucharlo, aunque estuvieran solos:

–Te amo.

Y el niño se fue a su habitación y jugó hasta que se cansó, a la mañana siguiente, cuando su madre fue a despertarlo, lo encontró con la figura de acción, se había quedado dormido con ella en los brazos. Ante tal escena, la madre de Manuel sólo sonrió.

Por primera vez en mucho tiempo Manuel se apresuró para ir a la escuela, y no solo eso, estaba contento. Al llegar, lo primero que hizo fue ir a enseñarles su nuevo juguete a sus compañeros:

¡Lo tengo!… ¡Lo tengo!– Gritaba mientras se aproximaba a los niños corriendo.

Tengo el juguete, ¿puedo jugar con ustedes ahora?– Les decía mientras tomaba aire.

Lo siento, pero no puedes, ¡hueles mal!– Le gritó uno de los niños, riéndose.

Esa figura ya paso de moda, además está muy barata.-

 El niño se  inclinó y sacó algo de su mochila.

 –Este es más caro y más nuevo. Le dijo mientras se burlaban de Manuel

Y si no puedes comprar uno nuevo, igual a estos, ve-te.- Le dijo otro de  los niños, mientras comenzaban a alejarse.

Manuel se quedó ahí parado, con la figura de acción en la mano, su emoción se había esfumado y ahora sólo le quedada decepción, enojo  y tristeza.

Llevó en su mochila ese juguete a la escuela durante días, con la esperanza de que los niños que lo rechazaron lo aceptaran, pero no fue así. Cierta mañana, en el descanso un niño de cabello castaño se le acercó y le dijo:

 – ¿Eres nuevo?…no te había visto.

 –Me cambie hace unas semanas.– Le contesto Manuel, aún con tono triste.

– ¿Quieres jugar? Le preguntó el niño.

Manuel sonrió como hace tiempo no lo hacía y aceptó con la cabeza  guardando su figura de acción en la mochila.

Ese día al llegar a casa, la mamá de Manuel se percató de que no llevaba su juguete en la mano, como lo había hecho desde hace algunas semanas.

 – ¿Dónde está tu juguete nuevo?

En mi mochila.- Le dijo Manuel sin más explicación y corrió a su cuarto a jugar.

La madre de Manuel salió esa noche a comprar algo de comida y en el camino encontró el juguete nuevo de su hijo en el lodo, junto a unas bolsas de basura. Ella lo recogió y lo observó, se quedó pensando en todo lo que había hecho para conseguirlo. Hubiera sido perfecto que comenzara a llover, pero no fue así.

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