Te lo prometo (primera parte)

“En la vida existen personas maravillosas y hay otras que simplemente son extraordinarias, pero no tenemos que ir muy lejos para encontrarlas, a veces son quienes más cerca tenemos”

Anónimo

Miriam Marentes y Rosa Elena Moreno 

Era el primer día de clases para Manuel, era nuevo en la escuela y para él hacer amigos no era tan fácil, tal vez porque su ropa no era la mejor o quizá porque sus zapatos y sus útiles no eran nuevos, pero aun así él no iba a dejar que eso impidiera su búsqueda de amigos. Así que inspirado por este deseo, se acercó a un grupo de niños en el patio que jugaban con figuras de acción y los saludó:

¿Puedo jugar con ustedes?– Pregunto tímidamente.

lo  pueden jugar los que tienen juguetes iguales a los nuestros.– Le contestó agresivamente uno de los niños.

Y tú no tienes ninguno, así que no puedes ser nuestro amigo.– Le dijo otro de ellos.

Alguien como tú; jamás podría comprar algo nuevo y menos un juguete como este.– Le dijo un tercer niño con su juguete en la mano.

Esa tarde, después de la escuela, Manuel llegó a su casa y con tristeza en la mirada le contó a su madre lo que había pasado. Su madre sintió que el corazón se le partía en mil pedazos, nada la hacía más infeliz que ver a su hijo derramar lágrimas amargas,

No te preocupes, con mi nuevo empleo podré comprarte el juguete dentro de unas semanas, igual a esos de tus compañeros, te lo prometo.– Le dijo mientras se inclinaba para limpiarle las lágrimas de las mejillas.

Pero la promesa de su madre se quedó sólo en eso. Al pasar de los días, Manuel llegaba cada vez más triste y con menos ganas de regresar a la escuela. Al ver esto, su madre decidió hacer algo para ver feliz a su hijo, buscó una manera de poder comprarle el juguete. En el trabajo ofreció trabajar horas extras, para así poder obtener más dinero, pero aun así no era suficiente. Comenzó a comprar menos cantidad de comida, su hijo comía igual, pero ella comía menos, así ahorraría un poco y reduciría gastos. Pero el juguete era más caro de lo que ella pensaba y la situación de Manuel no mejoraba en la escuela, cada vez se le veía más cabizbajo y triste. La madre de Manuel se desesperaba un poco más cada día, dejó de pagar algunas cuentas que no eran tan importantes, pero, no importaba lo que hiciera, había cosas que no podía dejar de pagar y el dinero no alcanzaba para comprar el juguete, cada vez que lo tenía, algo sucedía, un pago debía hacerse o se necesitaba cosas en casa, siempre había algo. Una tarde, cuando ella se encontraba sola en el trabajo, vio que una de las cajas registradoras estaba abierta y llena de dinero; en medio de su desesperación, en contra de todo en cuanto creía y a pesar de que  su moral le decía que no debía hacer lo que estaba pensando , que un juguete no era tan importante, que debía cerrar la caja con llave, no lograba borrar de su mente la cara de tristeza de su hijo.

Es un buen niño, nunca me había pedido nada, tiene buenas notas y es un maravillosos hijo, merece un regalo.

Se decía a sí misma para justificarse, pero cualquier excusa que pudiera darse no la libraría de las consecuencias que podría tener lo que iba a hacer.

Lo veré feliz, habré sido una mamá que hizo hasta lo imposible para ver a sus niño alegre. Tan solo viendo su sonrisa de felicidad podré aceptar que lo que hice, fue lo correcto.

Pensaba mientras tomaba el dinero suficiente para comprar el juguete, y sólo eso.

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