Oiga Don Beethoven… el pequeño Ludwig se ve algo cansado.

Por El Abuelo.

Queridos nietos, hoy les contaré una historia de mi juventud, cuando me iba de parranda por las noches con mis amigos, en aquellas divertidas calles de Alemania, así que pónganse cómodos, traigan una manta y presten atención.

Corría el año de 1778, en Bonn Alemania, por esos tiempos me encantaba ir de fiesta nocturna, me gustaba la adrenalina de ir con mis amigos alemanes a escuchar una alebrestada música clásica… sí señor. En una de esas alocadas noches, algunos amigos me dijeron que habían conseguido una invitación para lo que ustedes mis nietecitos llaman El Proyecto X de aquellos días, iríamos a beber y escuchar piano a la casa de un tal Johann van Beethoven, un señor que tenía fama de hacer las más salvajes borracheras de aquel tiempo.

Les pedí a mis amigos que pasarán en su lujosa carreta por mí a mi casa, más o menos a las 9:00 de la noche, si, lo sé, es algo tarde, pero como ustedes a mí también me gustaba arreglarme para salir mis nietecitos, solo que sin botas vaqueras, y camisas de cuadros y esas cosas que ustedes usan ahora. Mis amigos como de costumbre se retardaron, aproximadamente 4 minutos y medio, ya creía yo que no vendrían, así que apresuradamente me subí a la carreta y nos dirigimos a la casa del tal Don Beethoven.

Cuando llegamos, notamos que el anfitrión ya había empezado con el alcohol, ya se le notaba que perdía el equilibrio y pensé rápidamente en que sería una noche alocada. Al entrar, nos sentamos en la sala, y platicamos, cantamos, jugamos tan inquietos todos como me lo esperaba. ¿Me pueden creer que dio la 1:00 a.m. y aún no tenía sueño? Fue increíble hasta ese momento. Ya todos estaban comenzando a sentir los efectos del alcohol, y del té, porque los combinamos… un brebaje peligroso mis nietecitos, cuando note que faltaba algo: aún nadie había puesto música de la buena.

Le pregunte al ya un poco adormilado Don Beethoven que para cuando podríamos ponernos a escuchar su tan famosa música, y como si de un piquete de abeja se tratase, abrió los ojos a más no poder y de un salto corrió hasta una de las alcobas de su casa, me percaté de que eran las 2:00 a.m., la fiesta era todo un éxito si es que terminaba con música. Después de dos minutos, saliendo de la penumbra llegaron Don Beethoven y un pequeño niño de unos 7 años, todos lo recibieron como ustedes los jóvenes de ahora reciben a sus cantantes favoritos. El niño parecía algo cansado, no con muchas ganas de involucrarse en la fiesta, no obstante Don Beethoven lo sentó en el piano y acomodo todo para continuar con nuestra alocada noche. Le pregunte a un amigo que estaba a lado quien era el infante, a lo que me respondió “Se llama Ludwig, Ludwig van Beethoven…” en ese momento me vi interrumpido por los gritos pidiendo silencio de todos en la sala, al callarme, el pequeño Ludwig comenzó a interpretar una hermosa melodía que yo pensaba era de gran dificultad.

 

Termino y quede impresionado con la habilidad del niño, así que todos pedimos a gritos que continuara con otra melodía. El señor Beethoven nos veía casi con lágrimas en los ojos, pensé que debería estar muy orgulloso de su hijo. Segundos antes de terminar la segunda melodía, el pequeño Ludwig equivoco una pequeña parte de la canción, cuando lo escuche pensé que no importaba, lo que había hecho hasta el momento era demasiado para su edad. No obstante el señor Beethoven se paró, aventó una copa que estaba sobre la mesa y le recrimino al niño que porque no lo hizo bien. Pensé en que el Don ya estaba demasiado pasado de copas… y tazas de té, así que me pare y anuncie que me iba, al escuchar eso, Don Beethoven se acercó corriendo y me rogó que por favor no me fuera, que el niño tenía más canciones que mostrarnos. Con un poco de miedo me volví a sentar y a escuchar la tercera melodía que nos ofrecía el pequeño Ludwig, era realmente hermoso. Al terminar, aunque el padre nos quiso retener más tiempo, todos estábamos cansados, y alguno que otro vomitando, teníamos que ir a casa. Le pregunte al Don que si el pequeño Ludwig no estaría cansado para mañana ir a la escuela a lo que me contestó: “Oh no, él no irá a la escuela mañana, sabe que si se equivoca es porque no practica lo suficiente, hoy se equivocó, y debe practicar hasta que le salga perfecto, utilizaremos todo el día de mañana, aunque no salga ni para la escuela”.

Eso me dejo pensando, unos días, ya que tiempo después me entere que los maestros se quejaban mucho de Ludwig en la escuela. Platicando con uno de los amigos, me contó que el señor Beethoven siempre que hacía reuniones presumía a su hijo, y que le encantaba que todos nos asombráramos por lo que estaba haciendo con ese niño, que era un buen señor, su único problema es que era alcohólico.

A diario visité al pequeño Ludwig para ver como practicaba, incluso, ya más grandecito me mostro algunas de sus obras que pensaba sacar más adelante, para mí era muy bueno y supuse que podría abrirse un lugarcito en el mundo de la música. Por azares del destino tuve que irme de Alemania y tiempo después me enteré de que Ludwig van Beethoven podría ser uno de los mejores músicos de toda la historia. Me equivoque supongo, no se abrió un lugarcito, más bien ocupo todo el ámbito musical.

 

A veces me siento en mi vieja mecedora, volteo a ver el fuego de mi chimenea mientras doy un sorbo a mi taza de café y me pongo a pensar, sí el complejo del señor Beethoven no hubiese hecho que el pequeño Ludwig practicará desde niño ¿Podríamos decir ahora que Ludwig van Beethoven es uno de los mejores músicos de la historia?

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