¡Señor Esquilo, lo va a aplastar la casa de la tortuga!

El Abuelo

Queridos nietos, hoy les contaré una historia de mi juventud, en aquella época cuando yo fungía como el ayudante de Esquilo en las inmediaciones de Atenas, así que pónganse cómodos, traigan una manta y presten atención.

Por aquellas épocas,  500 a. de C., solía juntarme por las tardes con el gran Esquilo, en la escuela les debieron mencionar que es el padre de la tragedia griega, muy buena persona por cierto. Le gustaba imaginar las distintas historias meses antes de que las escribiese, en algunos momentos salíamos a caminar para ver que más se le ocurría. En una de esas caminatas por los mágicos pasillos de Atenas, visitamos el oráculo de Delfos, ya que mi viejo amigo quería saber que le tenía preparado el destino para su muerte. Así, los dioses por medio del oráculo, nos contestaron: “Morirás siendo aplastado por una casa”. Esquilo me volteo a ver y posteriormente nos reímos a carcajadas, en ese momento se lo tomo a broma, pero  llegando a la casa, recogió todas sus cosas en grandes bolsas y me dijo que nos fuéramos a vivir al campo.

Dijo que no le tenía miedo a ser aplastado por casas y que no se iba por lo que le dijo el oráculo, entonces supuse que le gustaba más el aire libre para escribir sus obras… si, ha de haber sido eso. Después de unas semanas viviendo en el campo todo parecía normal excepto que estábamos acostumbrados a las caminatas en la ciudad, así que un día, decidimos salir por los incómodos suelos llenos de hojas y ramas en el campo, para que Esquilo se pudiese inspirar. Así avanzamos unos minutos, cuando noté que sobre nosotros volaba un  quebrantahuesos, el cual, tenía en sus filosas garras una gran tortuga, según mis conocimientos, estaba buscando una roca para dejar caer al reptil y así romper su caparazón. Cuando busque a Esquilo con la mirada, ya se había alejado tal vez 5 metros, regrese mi vista hacia el cielo y para mi sorpresa, el ave había dejado caer a la tortuga justo en el punto donde estaba mi inadvertido amigo. No pasaron ni 5 segundos, ni siquiera alcance a alertarlo, cuando la tortuga con la gran dureza de su caparazón impacto sobre la despoblada cabeza de Esquilo, cumpliendo así con los designios de los dioses.

Fue la última caminata que tuve con él, afortunadamente aun leo sus obras y recuerdo cuando las escribíamos.

A veces me siento en mi vieja mecedora, volteo a ver el fuego de mi chimenea mientras doy un sorbo a mi taza de café y me pongo a pensar ¿Si Esquilo se hubiese quedado en casa, también se hubiese cumplido la profecía de el oráculo de Delfos?

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