Gracias por todo…

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Por Gerardo Ríos

Originario de Tlatilco, creado en Tepito, nace el que para muchos es uno de los más grandes futbolistas mexicanos en la historia, el último medio de creación que el fútbol nacional adoptó y quiso durante 23 años en su carrera profesional. Odiado por muchos, amado por otros más, pero siempre estuvo en la boca de todos; no importaba que tan mal estuviera el América, el Veracruz o el Puebla, estaba él y eso era motivo para ir al estadio.

Gracias por ser un jugador único e inigualable en la cancha y fuera de ella, gracias por elegir éste deporte y hacer sentir a muchas personas el amor a una camiseta, a un número y sobre todo a ti. Porque no importaba en donde jugaras, si estabas en el América, si emigrabas al Nexaca, al Veracruz, tu paso corto por el Valladolid de España, tu regreso, El Santos Laguna, La MLS en el Chicago Fire, La Liga de Ascenso, La Selección; todos te seguían, todos te admiraban.

Como olvidar cuando hizo soñar a todo un país con el gol del empate en el partido en contra de Bélgica, al ir perdiendo 2-0 y terminar 2-2. En un centro tendido de Ramón Ramírez extendiendo las piernas al aire por en frente y remato a pie cambiado haciendo de él una jugada poco probable y un gol de época, legendario. Recordar cómo fue él quién se llevó a la Selección en los hombros después de unas muy malas eliminatorias para el Mundial del 2002 y junto con un gran equipo y Javier Aguirre pudieron entrar de último momento.

Puso la piel chinita al marcarle a los Galácticos del Real Madrid en su propia casa en un tiro libre de ensueño al mismísimo Íker Casillas en el 2001. Fue alabado y ovacionado por millones de mexicanos al ser el mejor jugador de la Selección Nacional en la Copa Confederaciones en 1999 en México y hacer un partido magnifico contra Brasil dando dos pases para gol y un gol para que México venciera 4-3 a la Selección de Brasil con Ronaldinho. El último gol que hizo darle la copa a su amado Club América en una final contra Pachuca en el 2007, gol de otro planeta, gol de titulo, gol de un ídolo. Todo el país sufrió cuando vieron la trágica lesión que lo dejó fuera casi un año en las eliminatorias de la CONCACAF del 2000 en contra de Trinidad y Tobago cuando el inconsciente Ansil Elcock le dio una barrida con los tachos por delante causándole una ruptura de ligamentos cruzados en la rodilla derecha.

Su mal comportamiento lo llevó a muchas multas y enemigos dentro y fuera de la cancha. El golpe que le da al periodista David Faitelson en un partido entre América y Veracruz sin saber del todo su razón. Su celebración de perrito en el partido entre Celaya y América, cuando marca el penalti del empate corre hasta la linea de cal y simula ser un perro orinando burlándose del portero Félix Fernández. La rivalidad que tuvo con el entrenador Ricardo La Volpe en 1999 cuando el delantero americanista corrió hasta el centro del campo después de marcar un gol y y se recostó sobre el césped de forma burlona ante su ex entrenador.

No importó lo malo que hiciste sino las alegrías que semana a semana causabas. Gracias por todos los goles que anotaste, gracias por todas las gambetas, burles y pases filtrados que eran tu especialidad. Gracias por tus groserías que te hacían característico, los besos que les mandabas a tus rivales para sacarlos de quicio y los cortes de manga que todos tus rivales se llevaron alguna vez. Gracias por hacer de tu festejo algo común en todas las cascaritas que había en las calles, en los llanos, en todos lados. Gracias por inventar tu jugada particular, por hacer de ella un buen método de escape en las jugadas que se veían complicadas. Gracias por demostrarle a toda una nación que no se necesita de un cuerpo musculoso, una velocidad o de una cara bonita para ser el mejor. Gracias por esa entrega, esa lucha, esa pasión que tenías en cada jugada, en cada balón peleado, en cada partido porque contigo aprendieron muchos lo que es el fútbol, contigo crecieron amando este deporte, soñando ser algún día como tú y contigo se despiden poniéndose de pie y prometiendo nunca olvidarte.

POR ESTO Y MUCHAS COSAS MÁS, GRACIAS POR TODO CUAUHTÉMOC BLANCO.   

 

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