¡Un licuado de fresa para mi amigo Pancho!

Por El Abuelo

Queridos nietos, hoy les contaré una historia de mi juventud, en aquella época cuando yo montaba a caballo, haciendo desmanes con la poderosa división del norte,  así que pónganse cómodos, traigan una manta y presten atención.

Como si hubiera ocurrido ayer, en el año de 1913, acompañaba a mi viejo camarada Doroteo Arango, o como a él le gustaba más, Francisco Villa, exiliados en El Paso. Mis nietecitos, durante todos estos años he escuchado de toda leyenda que le inventan a mi amigo, ¡pero ninguna más grande que el hecho de que era un borracho y mujeriego! Mujeriego no, tenía el corazón muy grande. Yo le llegue a contar unas 27 esposas, mira que lo enamoraban muy fácilmente. Pero eso sí, a todas les respondió como se debe, incluso a todos los hijos que tuvo con ellas los mantuvo, algunos hasta se fueron a estudiar al extranjero. Muy amoroso mi viejo camarada.

Y ahora, eso de borracho… ¡Villa odiaba el alcohol! Una  vez nos dijo a mí y a otros camaradas “El alcohol es la causa de todas las desgracias”, de hecho, mandaba a fusilar a todo aquel que se encontrara bebiendo, yo por eso no bebía por aquellas épocas. Hay algo muy curioso, estando allá en El Paso, una noche, teníamos mucha sed, algunos moríamos por unas cervezas, y por el rostro de mi amigo y general, yo creo que en ese momento él se tomaba todo lo que fuera líquido.  Así que entramos a una especie de fonda, ahí todos pedimos un refresco, pero Villa se quedó viendo una imagen en la pared y le dijo a la mesera que le trajera aquella peculiar bebida. Después de unos minutos, llegó la mesera con una increíble sorpresa: El gran hombre varonil, el sanguinario y el poderoso Villa, había pedido nada más y nada menos que, un licuado de fresa. Estuvimos hasta altas horas de la madrugada esperando a que Pancho saciara sus ganas de licuado, pero parecía no llenar nunca. Desde ese momento, el licuado de fresa se convirtió en su bebida preferencial. He escuchado que le apodan “el tequilero”, no sé a qué se debe, si lo más fuerte que probaba era el licuado de fresa con mucha azúcar y hielos.

A veces me siento en mi vieja mecedora, volteo a ver el fuego de mi chimenea mientras doy un sorbo a mi taza de café y me pongo a pensar ¿Qué imagen tendría Villa hoy en día sí se supiera realmente como eran los gustos y las costumbres que tenía?

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