El despido de Aristegui: ¿Hecatombe periodística o una periodista más?

Por Hugo Valles

Durante la semana pasada se levantó la polémica sobre el despido de Carmen Aristegui. Este evento polarizó a dos bandos: por un lado, los que prácticamente han tomado a la periodista como la reencarnación mesiánica y el otro, para los cuales Aristegui representa una arpía dentro del periodismo nacional. La principal disputa: si su salida de MVS ha sido un atropello a la libertad de expresión o no.

Adriana Buentellos, la politóloga Denise Dresser, Enrique Galván Ochoa, Sergio Aguayo, son algunos de los colaboradores que renunciaron a MVS en solidaridad con el despido de Carmen Aristegui para MVS.
Este asunto tiene potencial para ser estudiado puesto que, históricamente en nuestro país las salidas de periodistas de algún medio de comunicación, ya sea por problemas con el concesionario o con el presidente en turno, han terminado en un triunfo para la libertad de expresión, contrario a lo que se pensaría comúnmente.

Si alguien dudara de esto, podemos recordar a José Pagés Llergo, quien fue despedido de la revista “Hoy” al tener problemas con el presidente Alemán, abriendo así la posibilidad de que José Pagés fundara la revista “Siempre”, misma que apoyó a Julio Scherer y a decenas de periodistas tras su salida de Excélsior por problemas con el presidente Echeverría.¿Y qué pasó tras la salida de estos periodistas? Ganó el México, porque de ahí nació la revista Proceso, el periódico Vuelta, el periódico 1+1, apareció La Jornada y la agencia Cisa.

Incluso la misma Carmen Aristegui tuvo desentendidos con Felipe Calderón, con W radio y Grupo Imagen, y ¿qué ocasionaron éstos? El incremento de la fuerza política de Aristegui y se dio a conocer que realmente no había un cambio en la política mexicana en los sexenios panistas. ¿Qué tienen en común estos eventos? Pues que nadie se dedicó al lamento del atropello de la libertad, simplemente se dieron cuenta que no se atropello nada; se dedicaron a crear publicaciones o nuevas agencias, solo que en otras tribunas, en otro lugar. El despido de Carmen Aristegui no representa una amenaza a la libertad de expresión, ni a la prensa mexicana, mucho menos para la mismísima periodista.

Siempre es lamentable la pérdida de un espacio periodístico con tanta calidad y que hace reflexionar al pueblo mexicano; pero la pérdida de un espacio como éste es una cosa y el cataclismo del periodismo nacional que siempre se ha visto censurado, es otra que supera por mucho lo que ha sucedido con Carmen Aristegui.

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