Mi convivencia con el pequeño Adolf

por Lauren Duran

Queridos nietos, hoy les contaré una historia de mi juventud, en aquella época cuando yo recorría las calles de Alemania, así que pónganse cómodos, traigan una manta y presten atención.

Unos amaneceres atrás, tuve la oportunidad de conocer a uno de los grandes de la historia; El pequeño Adolf. Tal vez ustedes lo conozcan como Adolf Hitler.

Corría el año de 1895, si mal no recuerdo, cuando caminaba junto a él por los pasillos de la escuela, tenía un semblante muy serio y muy callado. Se rumoreaba mucho sobre aquel niño, hasta los maestros platicaban entre susurros acerca de su extraña personalidad.

En cierta ocasión, pude escuchar que una de nuestras maestras citó a sus padres, se habló de algo importante. Al día siguiente, a primera hora, estaba el pequeño Adolf acompañado de sus padres, frente a nuestra maestra, el médico de cabecera de la familia Hitler , Eduad Blonch, y el doctor Sigmund Freud, a quien en aquel momento la gente comenzaba a llamarlo “El padre del psicoanálisis”. Ese mismo día, al salir de clases, el pequeño Adolf me contó que el doctor Freud y su doctor, el señor Blonch, habían dicho a sus padres que creían  buena idea internarlo y tratarlo, ya que era posible que Adolf tuviera problemas neuronales.

Anteriormente me había mencionado que tenía sueños raros, pesadillas muy intensas donde caía a un abismo sin fondo o en ocasiones era perseguido y capturado por extraños seres que lo torturaban hasta desear la muerte. Sin embargo, nunca creí que se debiera a trastornos neuronales. Supe días después que  la madre de Adolf estaba de acuerdo con que se le sometiera a tratamiento, pero su padre se notaba nervioso y se oponía a que su hijo fuera internado.

Todos sabíamos en aquel entonces que su padre era muy violento con su familia, golpeaba al pequeño Adolf y lo trataba con extrema dureza, supongo que era la razón por la que Adolf quiso escapar en varias ocasiones de casa, y al someterlo a tratamiento era posible que el doctor Freud se enterara de lo que el padre de Adolf le hacía pasar a su familia, por lo que no permitiría que se fuera con otras personas. Después de días de que la maestra, el señor Blonch y el doctor Freud intentarán convencer a los padres de Adolf de que aceptarán, el caso terminó con la retirada del doctor Freud, sin que el pequeño Adolf pudiera curarse de sus pesadillas.

Años después, con la noticia de que el pequeño Adolf ya era Fhürer de Alemania supe que a uno de los pocos judíos, si no es que al único que protegió, fue a su doctor de cabecera, el señor Blonch, a quien el ejército Alemán, por órdenes de Hitler, nunca molesto, por lo contrario lo cuido hasta que el mismo Fhürer le permitió retirarse con su esposa a Estados Unidos.

A veces me siento en mi vieja mecedora, volteo a ver el fuego de mi chimenea mientras doy un sorbo a mi taza de café y me pongo a pensar ¿Cómo hubiese sido la historia si al pequeño Adolf lo hubieran dejado someterse a tratamiento con el doctor Freud?

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Una respuesta a “Mi convivencia con el pequeño Adolf

  1. Mi estimado Lauren, he leído el cuento del abuelo y me ha parecido magnifico el hecho de plantear a Freud como terapeuta del fhürer. Para 1895 Sigmund se encontraba escribiendo su primer obra maestra titulada “la interpretación de los sueños” la cual fue publicada en 1899, según la interpretación de los sueños de caída y los deseos de muertes, planteados en el texto, se podrían interpretar como una gran culpa por el complejo de edipo no resuelto, y si esto fuera cierto hablamos de un gran conflicto intrapsiquico vivido desde una temprana edad por el líder nazi, es así que encontraríamos conflictos significativos desde una temprana edad. Adoro la pregunta final del escrito, otra historia contaríamos hoy en día de haber sido tratado por el padre del psicoanálisis. En hora buena Lauren y espero leer mas cuentos del abuelo.
    Atte. Carlos pérez

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